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Una mujer es maltratada por su esposo para que abandone el hogar después de 13 años de casados. Esta situación la envuelve en una terrible depresión motivada por su inmadurez y luego de padecer un infortunio por el cambio de situación civil con crisis de llanto, encuentra contención y compresión en las palabras sabias vertidas por un ángel en las escalinatas de una Iglesia.

Una tarde, un Angel sentado a mi lado


Mírame a mí y fíjate cuanto tienes

Sinopsis

Una mujer es maltratada por su esposo para que abandone el hogar después de 13 años de casados. Esta situación la envuelve en una terrible depresión motivada por su inmadurez y luego de padecer un infortunio por el cambio de situación civil con crisis de llanto, encuentra contención y compresión en las palabras sabias vertidas por un ángel en las escalinatas de una Iglesia.


Era una joven mujer de 34 años de edad cuando mi marido llegó una noche a casa y me dijo sentenciosamente.

-No te quiero más.

Fueron sus últimas palabras, no porque se hubiera muerto, sino que interpretó con esa frase que nuestra relación se había terminado.

-Era un ser humano maltratado desde su infancia y a pesar de habernos casado hacía 13 años, no pudo dejar su introversión de lado siendo que hasta ese momento nunca había mencionado separarnos.

Manteníamos una vida conyugal de tono frío en relaciones sexuales pero comunes para la pareja dado que nunca él se mostró afectuoso y nos fuimos distanciando con el tiempo. No pude tener hijos por mi enfermedad de cáncer aunque lo intenté con médicos especialistas, hasta que desistí de ello.

Sí, por supuesto que sufrí la negación del destino pero lo pude manejar mediante un tratamiento psicológico iniciado después de mi enfermedad y nunca más se hablamos del tema entre nosotros, excepto el adoptar un bebe cosa que yo fui distanciando con el tiempo aunque él guardaba una aneja botella como un tesoro para festejar el nacimiento de su hijo.-

Después de sus palabras, no pude iniciar ningún diálogo con él y mi desesperación soportó bochornos hasta que, su conducta comenzó a ser muy enfermiza pues me escribía notas insultantes que dejaba sobre la mesa para que abandonara la vivienda.

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Esto trajo aparejado que tanta violencia se incorporara también a mi persona y discutiera con monólogos la situación hasta que decidí a que se enterara mi familia después de seis meses de penurias y crisis de llanto.

Por aquel entonces, yo concurría a estudiar con unas compañeras para llevar a cabo mi deseo de diplomarme como bachiller y me había anotado para hacer el curso de ingreso a la Facultad de Derecho.

Estas circunstancias fueron, a mi entender, el detonante de su alejamiento a todo nivel siendo que paralelamente él ya había sido rebotado de cursos de ingreso de cuatro facultades, como así también el tener amoríos con una de sus empleadas, cosa que luego de separarme tuve conocimiento.

Sufrí mi cambio de situación civil durante todo un año. Esto fue marcado por mi depresión – angustias, accesos de llanto excesivos y una marcada delgadez - dado que no soportaba el enfrentarme sola al mundo que me rodeaba. Me sentía como una niña abandonada arrastrando una almohada y sin saber quien me asistiría en mi desventura.

Y fue, una tarde....cuando abandoné mi lugar de trabajo y me acerqué a la Iglesia de la calle San Martín 1039, “Santísimo Sacramento”, en Buenos Aires. Entré sin mucha fe a esa inmensa nave llena de lápidas con nombres y apellidos que se deben pisar porque no hay otra forma de pasar y me arrodillé en uno de los asientos reservados a los feligreses comenzando a llorar un poco mas acongojada hasta que aburrida sin encontrar consuelo decidí volver al trabajo.

Al abrir la puerta y caminar hacia la salida lo vi. Estaba sentado y apoyado con sus brazos en las escalinatas junto a sus dos muletas y con solo una pierna con su bota negra, vestido todo con ropas oscuras, holgadas y sus manos sucias. No cabria duda alguna, era un mendigo que cuando me vio alzó su mano y sus ojos me miraron con una súplica como antes no hubiera visto.

Me sentía mal, todavía sollozaba y no hice otra cosa que sentarme a su lado y seguir llorando sin mirarlo.

-¡Pero niña, mírame a mí y fíjate cuanto tienes¡ Me sentí una idiota, una verdadera idiota. Yo era una preciosa mujer y tenía todas las posibilidades al alcance de mis manos.

Lo miré y me largué nuevamente a llorar desconsoladamente. Abrí mi bolso y le di cuanto tenía de dinero.

Me levanté y sin mirarlo otra vez, comencé a desandar el trayecto hacia....pero no fue a mi trabajo, sino a desandar la estupidez con la esperanza de llegar a ser una persona responsable de sus actos considerando que solo un ángel pudo mostrarme el sendero del camino a seguir........

Fin

Norman Own

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