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La visión de un túnel diferente. Recuerdo la entrada a esa cueva como el ingreso al mas allá de lo desconocido, pronto mis ojos se acostumbraron a la oscuridad mientras el auto va avanzado despacio.

Tunel Diferente


La visión de un túnel diferente

Como han influido en mi vida la sensación de infinitud de los túneles, tal así, que cuando tuve por primera vez que atravesar el único paso internacional posible desde la Provincia de Mendoza al país hermano de la República de Chile, posible porque existía una línea férrea que atravesaba la montaña, por aquel entonces año 1970, sentí que no solo atravesaba las entrañas de una parte de la tierra sino que era como un nuevo renacer al ver nuevamente la inmensidad del espacio que me rodeaba una vez que lo hube pasado.

Luego de esperar la visa de los papeles que, como turista que otorgaba la Gendarmería, y recorrer con la vista los inigualables paisajes montañosos cambiantes en su imponente belleza al ser cubiertos por los rayos solares y las cuasi sombras donde todo parece tener una quietud que perdurará por siglos y que, es éste el imaginar del hombre porque no se toma contacto con el pensamiento de ese renacer permanente que provoca la naturaleza, que solo puede notarse al ver crecer un arbusto o en la simple flor lila del cardo.

Estabamos en la fila y nos llegó el turno, pero antes pude gozar del espectáculo de ver llegar la locomotora a vapor saliendo del túnel majestuosamente, cual dama que muestra su ropaje negro recorriendo con imponente ruido y un sonoro silbato su llegada triunfal.

Paseó su figura ante nosotros mostrando en su arrastre la algarabía de muchos rostros y manos que se agitaban como flores movidas por el viento a través de las ventanillas mientras había quienes, saludaban a los pasajeros corriendo a la par; dado que aminoraba la marcha lentamente hasta detenerse a unos pocos metros en la parada oficial.

Recuerdo la entrada a esa cueva como el ingreso al mas allá de lo desconocido, pronto mis ojos se acostumbraron a la oscuridad mientras el auto va avanzado despacio, producto de una incomodidad en su andar debido a que se había rellenado con tablones la desigualdad existente entre las vías férreas y los durmientes para que de esta forma se posibilitara el tránsito automotor.

Esos tablones estaban por aquel entonces en algunos tramos rotos o sin continuidad, producto de una incesante goteo de agua que caía de fisuras de la montaña y de esta forma las paredes brillaban debido a que unas cuantas pequeñas luces adheridas en lo alto indicaban como continuar.

Todo se asemejaba aparentemente a la cueva de algún cuento de nuestra niñez. ¿Quizás eran las fauces gelatinosas del dragón negro que amenazaba fagocitarnos?.

Pero de pronto apareció. Era un punto luminoso en tanta oscuridad que se fue agrandando paso a paso, dado que ese era nuestro andar como un patinador sin entrenamiento dando piruetas de un lado a otro, y fue bifurcándose hasta que nuevamente la luz radiante de un gran espacio se abrió ante nuestros ojos y una cinta gris marcada de blanco indicaba el camino serpenteando a seguir.

Algo que siempre recordaré fue la música que como una cascada eufórica de notas estuvo presente a nuestros oídos durante todo el trayecto del túnel, y que luego de atravesarlo, festejamos aplaudiendo para alejar esa emoción que sofocaba nuestro pecho y que, como un grito de júbilo conmocionó nuestro espíritu para dejarlo plasmado en nuestra conciencia de por vida.

¿Se parece el túnel a un útero materno? Entra la vida en ella y se sale posteriormente a otra con una visión personal de lo vivido y por vivir, dándole al individuo la sensación de eternidad.

Fin

Norman Own

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