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Tunel - Recuerdo haber bajado las escaleras con entusiasmo y avidez por saber con que me encontraría. Enen un abrir y cerrar de ojos, dos potentes luces se aproximaban por el túnel hacia nosotros.

Tunel


Tunel bajo las calles

  • Un viajé por primera vez

Si, fue el 25 de mayo de 1956, para mi cumpleaños cuando me llevaron a visitar una de las mas afamadas tiendas de la Capital Federal - Harrods Gatty & Chaves- , cuando viajé por primera vez.

Recuerdo haber bajado las escaleras con entusiasmo y avidez por saber con que me encontraría. Claro que las bajé con cierta torpeza considerando que tenía ocho años de edad, de la mano de mi madre y que para colmo no era citadina mientras que el bullicio de la gente me llamaba poderosamente la atención.

Por aquel entonces, los padres no eran tan comunicativos con sus hijos y todo lo nuevo era un despertar al descubrir y el asombro por todo lo desconocido; esto hacía que cada encuentro fuera una aventura para poder relatarla posteriormente al atardecer en la vereda y en rueda de amigos.

Recuerdo que me inundó un intenso olor y el pensamiento en mi mente procuraba asociarlo con algo para identificarlo, pero al no poder descubrirlo me contenté con tener en la conciencia que no me era desagradable.

Y en un abrir y cerrar de ojos, dos potentes luces se aproximaban por el túnel hacia nosotros, que parados en el anden recibimos esa ráfaga de aire caliente que avisaba como si fuera una mano atrayente que nos conduciría como en tropel hacia los asientos vacíos.

Fui arrastrada por la multitud pero siempre de la mano de mis padres ocupando el asiento de la ventanilla.

Todo parecía ahora estar en calma, pero pronto se produjo un cierre hermético de puertas tras un golpe seco y casi brutal sumado al sonoro pito del guarda avisando la partida que me despertó de la incertidumbre de que pasaría luego.

Comenzó el convoy a deslizarse suavemente y luego tomar una alocada velocidad acompañada de un bamboleo de izquierda a derecha, deslizándose por una penosa oscuridad donde se podía visualizar muy de vez en cuando una sucia lámpara, tan mortecina como las del velatorio de un familiar de mi madre al cual me llevaron porque no tenían a nadie conocido para que me cuidara.

Ese era el famoso túnel que circulaba bajo las calles, como me fuera explicado en una oportunidad, cuando pisé por casualidad una reja de metal al ras del pavimento y apareció de pronto un ruido raro y un vientito caliente que me asustó.

Fue entonces cuando viajando sentada al lado de la ventanilla observé ese espacio negro permanente entre cada una de las estaciones y comencé a pensar en que la oscuridad me aburría y espera con ansias el encuentro de los carteles de la próxima estación, que atraían mi atención posibilitando a mi fantasía el volar en aras de un atrayente vestido acompañada por el galán masculino de la propaganda.

¿Qué se podría hacer?. Pues para continuar con esa atracción que al pasajero lo distrajera de los penosos minutos que lo acercarían al final del recorrido. Yo leía, por ese entonces unos pequeños librillos de historietas donde además solía encontrarse como entretenimiento adicional en la parte superior derecha un dibujo que al ser ojeado con una secuencia de movimiento continuo y rápido, producía que el personaje se moviera y adquiriendo vida.

Dejé que mi imaginación, una vez más, creara en ese túnel oscuro una circunstancia parecida con alguna propaganda que continuara en movimiento con el pasaje del convoy a una velocidad regular que posibilitara el descubrir las figuras en diferentes argumentos, dándose una atracción muy especial entre cada una de las estaciones.

Y después de esto, llegué a crear una y mil historias, hasta que fui protagonista de una en que era la elegida del público, no solo por mi excepcional belleza sino por la simpática atracción de mi personalidad carismática como mujer destacada en el mundo de las letras

Este es el relato de un viaje, como un pasaje por la vida.

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Norman Own

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