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OH¡¡, Poder...poder....cuántos seres humanos célebres perdieron su virtud dentro de la vorágine arrulladora de su influencia, ese delirio en que asume el superhombre como figura fantástica del poder ser un supremo ejemplar victorioso del universo.

Obstinación


¿LA OBSTINACIÓN ES LA DEMENCIA DEL PODER?

Desde muy pequeña la niña y su padre jugaban un juego de poder. Si, poder resistir más cualquier cosa que los uniera en competencia. Este juego diabólico solía generalmente suceder durante los paseos de mañanas soleadas mientras yo esperaba con angustia el momento en que ella se enfrentara a alguna vidriera de un escaparate atrayente para su edad y permaneciera estática mirándolo sin moverse, mientras mi padre amenazaba caminando dejarla ahí abandonada.

Yo tomada de su mano, no me desprendía por temor a correr la misma suerte y, al alejarnos caminando lentamente hasta la esquina próxima y doblar ambos, solía yo escaparme y volver corriendo por ella. Él me retenía y espiaba sin ser visto mientras ella permanecía parada sin mirar hacia ningún otro lado que la vidriera. Era en ese momento cuando yo comenzaba a llorar implorando su búsqueda y él sonriente la espiaba una y otra vez, y así pasaban los minutos y mi llanto iba en aumento.

Él respondía posteriormente a mis ruegos accediendo y desandábamos el trayecto hasta reunirnos sin ninguna palabra por parte de los dos. Las dos nacimos un 25 de mayo de la década del 40, festejando doblemente el día de la patria como solía decir mi padre. Yo era exactamente un año mayor y. recuerdo que por aquel entonces se festejaba el nacimiento de la Patria con adornos en las botellas de leche, con carteles en productos y desfiles patrios con paradas militares.

Todo era festivo en aquel entonces y nuestros cumpleaños festejados doblemente con regalos iguales que se diferenciaban algunas veces, por el color de pelo de las muñecas o el color del oso de peluche, pardo o blanco; pero como era la costumbre todos envueltos en cajas recubiertos con celofán.

Compartíamos todo, excepto los juguetes porque siempre jugábamos con los míos. Fue mucho tiempo después cuando tomé contacto con la realidad de su postura frente a la vida. Ella admiraba el lado del cuarto donde almacenaba sus regalos.

Recuerdo que era un pequeño cuarto de juegos, donde por doquier se encontraban mis juguetes tirados, rotos, usados; mientras que los suyos estaban en estantes ordenados como soldados preparados para la acción.

No cabe duda que su vida fue una verdadera pelea, dado que mi padre y ella eran los que jugaban ese doloroso juego, donde la tenacidad apostada al poder se entremezclaba con un oscuro sentimiento de resentimiento al ser el perdedor.

Muy a menudo se enfrentaban tomándose de las mejillas con los dedos índice y pulgar, observándose desafiantes a los ojos e imperturbables presionaban silenciosamente y con expresión desafiante para lograr el triunfo hasta que el apretón en la cara de mi hermana se tornaba de un color rojizo y estallaba en llanto.

Al recordar este hecho, los imagino como si ambos estuvieran frente a un espejo desafiando su propia imagen considerando que ella era producto de su esencia, extasiados en la contemplación de una tozudez sin fin, quizás manifiesta para encontrar ese punto donde la satisfacción libidinosa les saciara aún más, que el cultivo de la virtud de una sana convivencia.

OH¡¡, Poder...poder....cuántos seres humanos célebres perdieron su virtud dentro de la vorágine arrulladora de su influencia, ese delirio en que asume el superhombre como figura fantástica del poder ser un supremo ejemplar victorioso del universo.

Creo que ella siempre lo desafió y también a su destino porque fue una mujer valiente que supo cuando iba a morir y lo vivió con gran amor iluminando su entorno hasta el último aliento.

F I N

Norman Own

11/08

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