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Eran las 4 de la mañana de ese día. La fuerte lluvia caía y resonaba sobre las vistosas ventanas, y los rayos adornaban la fría y misteriosa madrugada. El médico, vestido como para la ocasión, con su sobretodo negro, sus botas grises, su sombrero sospechoso y sus oscuras gafas que ocultaban esa odiosa mirada, escribía y escribía pensante.

La Muerte Soñada


Sueños que se hacen realidad

* Recuerdos del suceso

Eran las 4 de la mañana de ese día. La fuerte lluvia caía y resonaba sobre las vistosas ventanas, y los rayos adornaban la fría y misteriosa madrugada. El médico, vestido como para la ocasión, con su sobretodo negro, sus botas grises, su sombrero sospechoso y sus oscuras gafas que ocultaban esa odiosa mirada, escribía y escribía pensante. En su memoria danzaban y se escondían todos, hasta los más mínimos recuerdos del suceso.

Su cara, tan fría y dramática, era cual el espejo de toda la habitación, en la rondaban fantasmas inexistentes haciendo de policías. Esta cara que ya no veía el miedo de lo vivido, cara que sin expresiones delataba cada momento. Esto da a entender que este médico tenía una maldición, y esta estaba en su mente, en su papel, que ya no trabajaban.

La lapicera comenzó a dar su color…

13 de Junio. La chica no paraba de gritar. Sus ojos estaban en llamas, y su boca derramaba una especie de rabia. Corría y saltaba para todos lados, destruyendo toda la habitación y pegándole a cada objeto que se ponía en frente de ella. Recuerdo su voz resonando por todos lados gritando que alguien la tenía, su boca extremadamente abierta, rodeada por su saliva raramente blanca, y su lengua roja cual sangre que en ese momento sobresalía a un nivel extraño. Me quedé parado en la puerta, con todos mis sentidos totalmente paralizados.

Di un par de pasos hacia delante y antes que me diera cuenta, la chica estaba en frente mío. Me gritaba y gritaba en la oreja, y en esos ojos rojos yo podía oír el grito de ayuda, el grito incansable para que de alguna forma pare con su repentina maldición. Tardé unos minutos hasta que mi cuerpo tuvo el valor de reaccionar, y cuando lo hice, me abalancé sobre ella para aplicarle una poción tranquilizante.

La aguja se clavó profundamente, y los gritos y movimientos de la chica comenzaron a cesar. Pero esto solo fue por unos segundos. Cuando parecía que todo estaba ya terminado, la chica comenzó a gritar y golpear nuevamente.

Seguía pateando y rompiendo todo, y cuando el doctor se estaba por ir, con un cuchillo penetré su espalda.

Me dijeron que los sueños se hacen realidad, y en mis perturbadoras noches los médicos me quitaban la vida.

Matías

Juanita 27-5-2009 12:36:

Cuento de horror

Eres tú Matias Surraco?

Felicitaciones por tu cuento.

Muy espantoso, pero logró hacer que se me parara el pelo !!!.

un beso, Juanita

Héctor 27-5-2009 16:12:

Creatividad

Heyyy Mati, que buenos tus cuentos, horror y balaceras como en "El caso de la Luz", te felicito, veo que tenés mucha creatividad, seguí escribiendo que te seguiré leyendo y disfrutando de tus cuentos.

Matías 27-5-2009 21:12:

Juanita y Héctor

Gracias por las felicitaciones, voy a tratar de escribir algo con menos horror y sangre, sino van a pensar que soy el Béla Lugosi del posmodernismo, jajaja

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