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La más Bella Rosa


Un buen día, caminando, por la plaza de mi pueblo, distraídamente, vi una sola rosa del rosal pequeño que había en uno de las canteros de flores de esa plaza. Me llamó la atención su belleza, era  de un color rojo escarlata  y no pude   con mi corazón, con sumo cuidado corte su tallo, la lleve a mi casa y la plante en mi jardín, la regué enseguida y luego todos los  días la regaba con el agua del amor.

Sentía su perfume, que anegaba mi alma, y me hacía regarla amorosamente, pasó el tiempo y una mañana al ir a  verla como todos los días, vi que tenía dos pimpollos, que despacio lentamente crecían, así como la rosa envejecía, yo también envejecía, pero feliz queriéndola a ella y a sus dos pimpollos. Los pimpollos comenzaron a abrirse a la vida, regándolos también con el agua del amor y crecían, pronto se convertirían en hermosas rosas una y otra concebidas con el agua del amor...

Esto ocurría también en el jardín de mi vida, su centro era la rosa de rojo escarlata y también dos pimpollos, también a ellos, los nutria con el agua del amor, un agua pura, clara, transparente. Los pimpollos uno era celeste y el otro rosado, pero para mí eran maravillosamente bellos los dos, y yo daba gracias a  Dios,  por ser el dueño de tanta belleza, que inundaba  mi corazón.

Y así, con esa dulce tristeza del paso del tiempo, la rosa de mi jardín se fue apagando,  pero no murió , ni nunca morirá, porque me dejo los dos pimpollos, convertidos ya en hermosas rosas, una celeste y la otra rosada. También mi vida se va apagando, despacio, pero vivo la vejez, feliz, por la rosa y los dos pimpollos  que regué y sigo regando con tanto amor.

Comprendí, que gracias a esa rosa que plante  en el jardín de mi vida, me colmo de belleza  y de la dicha más grande que un hombre puede sentir, porque esa rosa era el amor que me dio la mujer que hace 40 años se unió a mí para caminar juntos por el sendero de nuestra existencia, y que el agua del amor nos dio dos pimpollos, para alegrarnos la  vida, solo me queda que estando en el ocaso, tengo la satisfacción de tener el rosal completo y crecerá aún más porque vendrán  otros pimpollos que van a ser la luz de mis ojos, los nietos que serán  los brotes de mi descendencia, porque formaran y crecerán más pimpollos  y así será hasta el final de los tiempos.

Todo comenzó así, simplemente, como comienzan las grandes cosas de la vida. Una mirada, un amor que nace y desde ahí a caminar y formar vida juntos. Por eso amo el rosal, la bella flor que Dios creo, porque es la que más fielmente, nos muestra el camino que debemos seguir. Nuestra vida con sus heridas y penurias, la marcan las espinas, pero  eso es mientras estamos en el tallo de la flor y cuando llegamos a ella nos inunda su perfume, su belleza, y cae nuestro corazón  cubierto de  felicidad por que hemos logrado el amor. Por eso es la rosa - la belleza del amor  puro y noble - hasta el fin de los tiempos...

Olegario Juan Caorsi

 

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